Madres de angelitos

Madres de angelitos

La muerte de un niño (niña) es algo que ninguna madre debería vivir. Va contra el orden natural de la vida. Ninguna debería enterrar a sus hijitos. No puedo imaginar el dolor que sienten esas madres, porque no creo que exista algo comparado con esa pérdida.

Un hijo (hija) se nos convierte en una ilusión. Estando en nuestro vientre soñamos con ellos (ellas) imaginamos como será físicamente, que carácter tendrá, que le va a gustar, que no le va a gustar, que profesión estudiará, pensamos en infinidades de cosas.

La muerte de un niño (niña) es un hecho difícil de afrontar. Es uno de los momentos más difíciles y dolorosos. La madre vive una pesadilla por la que nadie debería tener que pasar. El dolor es el precio que se paga por amar a ese niño (niña).

El corazón se me estruja, se me hace chiquito. Mi amiga Arlen Pastrana, perdió hace dos días a su pequeño hijo, Rodrigo Samuel. Tenía once meses. Había pasado 22 días hospitalizado. Esperábamos verlos salir juntos sonriendo. Pero no ocurrió como queríamos. Fue todo lo contrario.

Hoy, quiero dedicar este post a todas las mujeres que se han convertido en ‘Madres de Angelitos’, pero en especial a mi amiga Arlen Pastrana. No tengo palabras para expresarle mis condolencias. De mi boca no sale nada que me parezca ayude a calmar su dolor.

Trato de pensar, que puedo hacer para ayudar, pero no tengo ninguna buena idea. No sé lo que se siente, y la verdad tampoco quiero sentirlo. Pero quisiera tener la fórmula perfecta para que tu dolor acabe, tu tristeza se vaya, tu desesperanza desaparezca y volvamos los cuatro a reír a carcajadas. Pero tampoco puedo hacerlo. Y cualquier cosa que diga hasta me parece ofensivo.

Te quiero, lamento mucho lo ocurrido. Discúlpame, porque aunque quiero, no tengo las palabras para borrar tu dolor.