Tengo miedo

Tengo miedo

Un día llegué llorando a los brazos de mi mamá, en la escuela se burlaban de mí, me decían cochón. A esa edad no entendía porque los chavalos me gritaban cosas feas, tenía 6 años y no tenía nociones claras sobre “que es ser hombre” y “que es ser mujer”, por consiguiente “como actuar” socialmente para ser aceptado por los demás y no recibir discriminación. Esas atribuciones culturales del sistema sexo-género se van aprendiendo (lamentablemente) con el tiempo, experiencias, miedos y prejuicios, todos ellos hijos de la ignorancia.

De seguro mi mamá no sabía cómo ayudarme, mi papá tampoco, hacían lo que podían. Un día se sentaron conmigo y con la mejor de sus intenciones mi papá me explicó que cuando él era niño y jugaba en el campo hacía de toro y las niñas de vaca, evidentemente yo no entendí semejante analogía, nunca entendí porque me explicaban eso y que tenía que ver esa historia lejana con que me dijeran cochón en la escuela.

A los 8 años me encontraba en el salón de clases dibujando unas muñequitas con vestidos espectaculares, coronas, pelos largos y tacones, en medio de mi inspiración artística se me acercaron dos chavalos, uno quedó viendo al otro y le dijo: -¿Por eso es que le dicen a como me dijiste? (Cochón puej) Ahora sí entendí a que se referían: Las muñecas son para las niñas y los carros para los niños. ¡Que ridiculez más grande!

Uno de mis primeros actos de rebeldía era visitar a mis primas a quienes adoraba y sigo queriendo mucho. Ellas tenían muñecas “Barbie” por montones y me daba ilusión jugar con ellas, peinarlas, cambiarles de ropa, ponerlas a hablar unas con otras, llevarlas de compra al supermercado imaginario, etc. Pero eso sí, sin que nadie me viera, nadie se podía enterar de mi “perverso” gusto. Así que me escondía a jugar, siempre con un soldado o carrito cerca de mí, listo para disimular en caso de que entrara alguien de sorpresa. No quería arriesgarme a ser descubierto.

En una ocasión mi papá se enteró de que me gustaba jugar “Jak” (Otros lo conocen como Jaki) y eso no era todo, sino que yo tenía los propios guardados en mi casa y era el campeón del barrio, ¡A mí nadie me ganaba! Mi papá me llamó con tono enojado, después de un largo interrogatorio tuve que admitir que sí tenía un juego de Jak en mi posesión, (Oh gran delito) me los pidió y los botó.

Cochon.-El tiempo pasó, mi papá hizo lo que pudo para hacerme “hombre”: Ponerme a cargar cosas pesadas por distancias largas, enviarme a la finca en las vacaciones para hacer trabajo rudo, llevarme siempre al taller de mecánica cuando se le fregaba el carro, matricularme en una escuela de taekwondo, etc.

Nunca me gustó ningún deporte, en la primera oportunidad que tuve me salí de taekwondo y me matriculé en la escuela de artes de Matagalpa. El dibujo y la pintura eran lo mío, aunque cada vez que me preguntaban que estudiaba por las tardes y luego de responder “Dibujo y pintura” la gente me decía; -¿Eso no es para mujeres? Y claro que me daba vergüenza.

Después de compartirles la mitad de mi vida al mejor estilo “La Rosa de Guadalupe” versión cochón, quiero preguntarte estimado lector/ra (Espero que sigás aquí), ¿Son los gustos y características de un niño, indicadores de su identidad sexual?

Hace unos días me escribió una madre de familia preocupada por su hijo, bueno, en realidad, preocupada por el acoso escolar que el niño está empezando a recibir en la escuela porque le gusta jugar con muñecas. El mensaje me dejó algunos sentimientos encontrados: tristeza por el niño, admiración por la búsqueda de la mamá e indignación por el sistema social que en Latinoamérica y particularmente en Nicaragua hemos construido. Este sistema es perverso, ya que vincula las prácticas “femeninas” con la homosexualidad. El caso de este niño, es mi caso y el de muchos tantos.

Quiero aprovechar estas líneas para dirigirme a todas esas mamás y papás que están allá afuera, “lidiando” con un hijo/a que actúa de manera “diferente” y le gustan las cosas que culturalmente le hemos asignado al sexo opuesto que posee su niño/a.

Existe algo que se llama sistema sexo-género, en que según las características del cuerpo físico-biológico que posee una persona, a esta se le considerará hombre o mujer, por lo tanto, si tiene pene es varón y si tiene vagina es mujer. A partir de aquí la familia, los amigos, el barrios, la calle, los maestros, etc. empezarán a tratar al niño de manera masculina y a la niña de manera femenina, por lo que se espera que ellos actúen de manera recíproca con esos roles. Pero entonces, ¿Qué pasa cuando las expectativas sociales no corresponden al comportamiento del niño/a? Le pasa exactamente lo mismo que a todo ser humano que rompe las normas socialmente estandarizadas: Será excluido y discriminado.

Por lo tanto, con esta entrada del blog quiero compartir algunas ideas, que sí bien es cierto no acabarán con las burlas que se reciben del entorno (Yo aún las recibo), ayudarán a los padres/madres de familia y sus hijos a desarrollar mecanismos de defensa y fortalecer algunos factores protectores como el autoestima.

1.La sexualidad humana es dinámica y cambiante, esta no se define en la niñez, por lo tanto, atribuirle una identidad sexual a un niño a temprana edad,  independientemente de su comportamiento, es solamente ignorancia. No hay que hacerlo.

2. Si has identificado que tu hijo actúa de manera femenina o bien, tu hija lo hace de manera masculina, no pasa nada. Tu deber como madre/padre de familia es seguirlo queriendo, así tal cual es.

Trabajando para adentro.

3. Lee lo más que podás sobre el sistema sexo-género, entre mejor entendás cómo funcionan las dinámicas sociales desde un punto de vista psico-social, más recursos cognitivos tendrás para enfrentar la situación. Esta misma información se la podés compartir a tu hijo/a con un lenguaje más sencillo y adaptado a sus características propias de la edad.

4. Fingir que nada pasa no solucionará los problemas, es momento de que enfrentés tus peores miedos y hablés con tu hijo/a sobre lo hermoso de ser diferente. Vos tenés en tus manos la oportunidad maravillosa de sembrar valores humanos como el respeto y la tolerancia a las diferencias, empezando desde casa, esta primera escuela, el hogar, que debería ser cuna de amor y educación para sus integrantes.

5. Preguntale a tu hijo/a cada día como le fue en la escuela, que cosas le dijeron sus compañeritos, como lo hace sentir la maestra, etc. Convertite en una detective de las emociones de tu hijo, tratá de identificar expresiones de violencia psicológica o física recibidas en la escuela o la calle.

6. La peor respuesta es la que no se da. Siempre tené una respuesta inteligente y madura para las preguntas incómodas.

7. Mostrale imágenes, revistas, libros y vídeos de personas que hacen actividades “no tradicionales” para su sexo biológico, por ejemplo, una mujer mecánica, un hombre que práctica danza contemporánea, un niño que juega muñecas, una niña que práctica boxeo, etc.

8. En todo momento y en todo lugar, hay que trabajar el Autoestima.

9. Habla con tu hijo siempre, que él sienta que sos su mejor aliada, una amiga en quien podrá confiar siempre.

10. Recordale cada día a tu hijo lo mucho que lo querés y lo orgulloso que te sentís de tenerlo en tu vida.

11. Reforzá su autoestima expresándole con palabras asertivas las cualidades y fortalezas que posee y de igual manera las oportunidades a mejorar.

12. Potencializa sus pasiones, apoyalo en sus decisiones y pasatiempos favoritos (Jugar muñecas, bailar, cantar, practicar fútbol, etc.)

Trabajando para afuera.

13. No escondás a tu hijo, que él sepa y sienta que te sentís orgullosa de él. Déjaselo saber siempre.

14. Explicale que él no tiene la capacidad de cambiar el mundo, pero sí de cambiar su propio mundo y que eso se logra en primer lugar aceptándose y mostrándose al resto tal cual es. Sin pretender caerle bien a nadie, solo siendo él mismo.

15. En la medida de lo posible, instalo a aceptar y disfrutar sus emociones, sean estas de tristeza, alegría, enojo, felicidad, rabia, etc. Pero también a canalizar las energías de discriminación y convertirlas en situaciones a superar que lo conviertan en un mejor ser humano. Por supuesto, la mejor educación es la que se da con el ejemplo.

16. Practicá con él/ella posibles preguntas incomodas y sus respectivas respuestas, de tal manera que sienta que tiene un recurso más para defenderse ante posibles agresores.

17. Exponé a tu hijo a los demás niños, no lo aísles del mundo, es la única forma de como aprenderá a socializar y resolver sus conflictos con los demás niños.

18. Matriculalo en actividades que le permitan estimular sus neuronas y flexibilizar sus ideas del mundo: Arte, deportes, música, naturaleza, obras sociales, etc.

19, Sí sentís que es necesario, buscá ayuda de un psicólogo sensible al tema. Pero tené cuidado, allá afuera hay muchos “expertos” llenos de prejuicios y limitaciones.

¡Llegastes al final del artículo! espero no te hayás aburrido y que tampoco sintás que era una cátedra al mejor estilo de Ismael Cala o Margarita Pasos.

De Nicaragua para el Mundo, soy Yaser Morazán en todos lados FACEBOOK y también te invito a que me conozcas por YOUTUBE. 

Yaser Morazán / Trabajador Social.

Y sí la intensidad todavía te alcanza, podés buscar esta película y verla en familia.

Artículo publicado en: Política Mente Incorrecto