¡Feliz San Valentín!

¡Feliz San Valentín!

Amar y ser amado parece ser el anhelo humano. Encontrar una pareja que “nos ame, que nos complemente”, para luego pasarnos el resto de la vida en “alimentar ese amor, complementarlo, ser uno mismo” y por supuesto “sufrirlo”, porque si no sufrimos ese amor, no es verdadero.

Es así como las mujeres hemos aprendido a amar. Hacemos de todo para que nuestras parejas “sean felices a nuestro lado, porque de lo contrario no sabés retener a un hombre y te convertís en una solterona amargada”. Es un amor que te aprisiona.

Es triste pensarlo. Pero hagamos una pequeña reflexión sobre la forma en la que aprendemos a amar. Y todo el contexto que nos define. Comencemos por esas canciones de Kiara, Marisela, Yuri, Karina, Myriam Hernández, Pimpinela, Amanda Miguel que entonamos a gritos cuando lampaceamos o cuando entre trago y trago “karaokiamos” para ahogar las penas.

“Ya me canse, que no me acaricies ni con la mirada

De ser en tu cama una tercera almohada

De ver que el futuro se va haciendo flaco

De saber que la vida no es más que un rato

Y sentirme mujer porque lavo los platos”…

La escuela del amor

La letra de una canción en la cual, la mujer solo se define en la medida en que el hombre la reconoce. Una anulación completa del ser mujer, del ser individuo, de vivir en independencia y autonomía.

Pero no solo las canciones nos enseñan a amar. Estamos definidas por nuestras historias y las historias de las otras mujeres que están en nuestras vidas, contextos, experiencias.

Por ejemplo; si la abuelita aguantó al esposo infiel y maltratador hasta los 90 años y lograron mantener los cimientos de la familia, es posible que una también se crea kamikaze y “sacrifique su vida por amor”. Porque ya saben “sin dolor no te hace feliz, sin amoooooooooooor”

Y tampoco es que la vida es así. No es culpa de cupido que anda ebrio lanzando flechas. No es culpa del destino. No es tu culpa y menos de la Chamuca. Si duele en el alma y en el cuerpo eso no es amor.

La novela mexicana

Yo también me tragué el cuento. Ya viví mis dos culebrones mexicanos de amor romántico. Y cuando me vienen esos flashazos a la mente me avergüenzo al pensar que de mi boquita preciosa salieron frases propias del guión de Marimar: “Sin vos me muero”, “El amor todo lo puede”, “El verdadero amor perdona”.

Que ridiculez. No crean, admitirlo ha sido todo un proceso. Darle rewind al casete y analizar cada escena es una tortura, aún cuando detrás de cada escena sale Dora La Exploradora, y me da mi leccioncita, y me hace sentir menos ridícula.

La forma en que aprendemos a amar suele anular a las mujeres, nos invita al sacrificio, nos seduce con el cuento de que podemos hacer cambiar a nuestras parejas (hombres ó mujeres) para convertirnos en la heroína de la relación, una heroína que ofrenda su vida por el bien del otro.

He amado. Y me han amado. Y sobre ese amor tan rico que uno vive, me resisto a pensar que para amar a un hombre debo dejar de ser yo misma, sacrificar mis planes, mi vida, consagrar mi vida al cuido de otro (adulto), anularme, aguantar, aguantar y aguantar, porque claro está que el amor duele.  ¡Me opongo!

Un amor temporal

Hoy 14 de febrero (una fecha comercial) las invito a reivindicar el amor, el amor propio, el amor a nosotras mismas, construir relaciones justas, donde ni él te pertenece, ni vos le perteneces a él; sin control, celos, aislamiento; dónde si derramas lágrimas que sean de verdadera felicidad, no por golpes o insultos. No somos ni Marimar, ni María la del Barrio, para pasárnosla sufriendo por un “supuesto amor”. Y también les cuento que amor no solo te lo da una pareja.

Y que aprendamos a ver esas relaciones amorosas como un lapso en el tiempo. Es difícil porque desde pequeñas la Cenicienta nos enseñó que el príncipe, que la rescató, se quedó con ella para vivir felices por siempre.

Te lo juro que es mejor vivir feliz por siempre sola que al lado de un hombre que te maltrate.

¡Vamos a reivindicar el amor!

Texto de Maryórit Guevara