Vivir, un delito en Nicaragua

Vivir, un delito en Nicaragua

Un 21 de septiembre de 2013 mi ginecóloga me dijo: “Tenes preeclampsia. Si esperamos hasta mañana por un parto natural, no voy a pelear por la vida del niño, voy a pelear por tu vida”.

Me petrifiqué. No quería morir. Tenía apenas 33 años. La muerte, mi muerte no era una opción. Pero estaba obsesionada con un parto natural. Una idea loca de querer someterme a largas horas de dolor, después de haber vivido los nueve meses más horrible de mi vida.

La doctora insistió: “La decisión es tuya. Nadie tiene que influir. Tómate tu tiempo”, pero claro que entre más la pensaba el riesgo aumentaba. Tenía hipertensión sumado a un dolor horrendo entre el pecho y el estómago. La verdad no sé dónde se localizaba, pero llevaba más de ocho horas con ese dolor que me dificultaba respirar.

Dos horas después me encontraba en el quirófano. Tenía mucho miedo. Estaba junto a muchas mujeres que sofocadas me movían de un lado a otro. Me sentía una niña vulnerable. La doctora me abrazó y me dijo: “Vas estar bien”. Luego solo escuché el llanto de mi hijo. Lloré de felicidad porque todo había terminado.

Había decidido por mi vida y la de mi hijo porque en mi caso existía esa opción, era un embarazo deseado, en término y un bebé sano venía en camino. Además tenía de cabecera a una doctora consciente del riesgo. Sin embargo, si las condiciones hubieran sido diferentes sin duda alguna hubiera elegido mi vida. Vivir en lugar de morir.

Aunque ante las Leyes de Nicaragua habría estado cometiendo un delito, tomando en cuenta que desde octubre del 2006 se penalizó el aborto terapéutico. El artículo 162 del Código Penal establece penas de uno hasta 10 años en diferentes circunstancias.

Vale mencionar que en Nicaragua (a diferencia de El Salvador) no hay nadie preso por un delito que te condena por vivir. No obstante la penalización de este derecho expone a las mujeres a “un conjunto de complicaciones psicológicas y biológicas al verse obligadas a recurrir a la realización de abortos inseguros” ante emergencias obstétricas, enfermedades sistémicas, malformaciones congénitas e incluso resultados de una violación.

Entre los once años (2006 – 2017) que lleva la penalización del aborto terapéutico un total de 985 casos han sido registrados en las estadísticas como muertes maternas. El promedio anual hasta el 2009 era de 115 – 103 muertes.

La mayor carga la han tenido las 16 mil 400 niñas menores de 14 años víctimas de abuso sexual y/o violación que han sido obligadas a humanizar un acto horrendo de violencia del que fueron víctimas.

Solo seis países del mundo prohíben a las mujeres terminar con un embarazo en contraste con 58 países que permiten la interrupción de un embarazo por cualquier razón de acuerdo a un estudio del Centro de Investigación Pew sobre las cifras publicada en 2013 por la Organización de Naciones Unidas correspondiente a 193 países.

Golpes en el pecho

El Estado en conjunto con la Iglesia son autores intelectuales de haber cercenado el derecho de la mitad (52%) de la población de Nicaragua. Mientras la sociedad ha sido cómplice al rasgarse las vestiduras y con Biblia en mano condenar y hasta denunciar a la mujer que decide terminar con un embarazo por la vía del aborto (las de escasos recursos, porque las hijas de diputados salen del país a abortar).

Me parece hipócrita escucharlos hablar de ser Pro-Vidas cuando la mujer está embarazada, pero cuando nacen las criaturas voltean la mirada. Nicaragua no tiene instituciones aptas para atender casos de niñez abandonada, tampoco de atención postraumática a niñas violadas y atención económica porque si esa niña busca trabajo para mantener a su hijo nadie se lo dará. Recordemos la legislación sobre Trabajo Infantil. Hasta en las escuelas las estigmatizan. Y a eso sumemos que la irresponsabilidad paterna está a vista y paciencia de la sociedad.

Nadie quiere estar del lado del mal. Todos queremos ser buenos por eso supongo somos bien moralistas y nos damos golpes en el pecho en nombre de Dios, aunque no tengamos el mínimo amor por el prójimo. En especial esos machos reconvertidos, maltratadores y violadores de mujeres que esperan que en la tierra sus delitos sean absueltos y calificados como pecados o pequeños errores.

Once años han pasado desde que se penalizó el aborto terapéutico en Nicaragua. Muchas vidas se han perdido. Otras han sido condenadas a vivir con el producto de una violación. Si fueras vos ¿qué harías? Si estas en riesgo de vida o muerte ¿qué preferirías?, ¿qué decisión tomarías?, ¿qué elegirías?, ¿por cuál vida optarías?

¿Vives o mueres?…

Texto de Maryórit Guevara (Madre Insurrecta)