Tu madre #NoVota

Tu madre #NoVota

Por ahí me pareció escuchar que el domingo hay elecciones. La verdad es que si no miro unas cuatro mantas ensuciando la hermosa vista del cielo, no me lo recuerdo. Aunque en realidad, caí en cuenta, cuando iba hacia El Granadino, en busca de mi respectivo chanchito y unos elementos vestidos de rojo, con una tarima al tope de la calle, me obstaculizaron la vía en el sector de Monseñor Lezcano. ¡Que pereza!

Estaban “cerrando campaña”. Y pensé en la cantidad de dinero desperdiciado en esta #FarsaElectoral. Dicen los medios, los pocos medios que aún cuestionan, que al igual que la gasolina el costo se incrementó en un 70.53 por ciento más que las elecciones de 2012. Un equivalente a 1,436.96 milloncitos que se le presupuestaron al CSE, órgano liderado por Robertito Rivas.

Si te interesa votar: Propuestas de los candidatos a la Alcaldía. 

Este dinero fue utilizado para financiar cuatro mantitas y una fiestecita de cierre del: 1. PLC; 2. FSLN; 4. PC; 9. ALN; 10. APRE; 13. PLI; 14. PRD; 15. CxL (los números corresponden a sus casillas). Y digo cuatro mantitas porque nadie los conoce o acaso ¿ustedes se saben los nombres de los candidatos? Hago memoria y recuerdo al candidato rabo verde, a los del partido de las cuatro letras y el CxL, y eso porque este último también me obstaculizó la vía.

La verdad antes no  fui así. Tampoco es efecto de la maternidad. Siempre me ha interesado la política de Nicaragua. De hecho he pensado que debería de lanzarme de presidenta, pero la verdad no creo tenga esa oportunidad, sino hasta que se acabe esta dinastía. Y eso nadie sabe cuando ocurrirá.

UNA RELACIÓN COMPLICADA

Mi desencanto inició en el 2011, año de la primera reelección del compañero presidente. Ese acto me dolió. Siempre me consideré Sandinista, aunque también estoy clara que es parte de una herencia familiar. Sin embargo, desde 1996 cuando cumplí la edad para participar de lo que antes llamábamos una ‘fiesta cívica’ salía religiosamente a las urnas para sumar votos en favor del FSLN. De hecho fui Observadora Electoral con Ética y Transparencia, y Fiscal Electoral, en algún momento que no especifico en mi memoria.

Pero han pasado tantas cosas. El enriquecimiento ilícito de la cúpula de poder, el hermetismo en torno a los fondos de Venezuela, el despojo de la tierra a campesinos, el nulo acceso a la información pública, el manoseo a la Constitución Política, la falta de rendición de cuentas, la intimidación a cualquier síntoma de oposición, el maquillaje estadístico que junto a la arboleda de latas a veces nublan la razón y nos hacen creer que vivimos en El País de las Maravillas; bonito, seguro, sin violencia a las mujeres, sin muertes maternas, con menos personas con discapacidad y hasta con menos pandillas.

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Y es verdad que la madre Rosario se escucha tan serena y comprensiva cuando nos habla a mediodía y nos da la buena nueva de la inauguración del estadio. Bello, hermoso el estadio de béisbol, pero luego llego al barrio y veo el desastre, la pobreza, la violencia, leo los periódicos y veo que te matan por un celular.  Miro mi realidad (y mi alrededor) y no concuerda con la que celebra el Banco Central de Nicaragua (BCN) cuando dice que el 96.2% de la población nicaragüense esta ocupada (empleada).

Soy madre, tengo un hijo, un ciudadano, un voto a futuro y aunque me encante el estadio, el paso a desnivel y mi hijo ame los parques, no puedo obviar los problemas de fondo que hay en Nicaragua. Me preocupa el futuro de mi hijo. Es por esto que nuevamente mantendré mi posición. #NoBotoMiVoto porque no quiero  legitimar este #CircoElectoral del cual ya conocemos el resultado y como dicen los memes solo nos atrasan las elecciones.

Quizás mi posición parezca pasiva o pendeja para algunos, pero si el conteo de los votos fuera real, nos daríamos cuentas que somos muchos los que pensamos de esta forma. El abstencionismo ha vencido en las últimas elecciones. Lo que significa que muchos no estamos conformes y queremos un cambio. Y  debemos ir buscándolo. Lo primero: hay que hablar y perder el miedo.

Texto de Maryórit Guevara (Madre Insurrecta)