Machos que se perpetúan

Machos que se perpetúan

Tenía 17 años, cuando esperando una ruta, una persona no vidente me pidió ayudarle a cruzar la calle con esta frase: “No me animo a cruzarla solo porque cuando me levante el carro, ni la placa le voy a ver.” Fue la primera vez que entendí que se podía encontrar el lado gracioso de una situación tan difícil.

Así que cuando la compañía de teatro Wampiros anunció su obra “Machos que se Respetan”, en un intento de usar la comedia como anzuelo para poner el foco en el machismo, no dudé en asegurar mi ticket para conocer el resultado.

La obra se trata de cuatro hombres que se reúnen en un bar, donde su dueño-bartender los atiende mientras participa en la chacota que se crea entre ellos. En una mesa independiente, se encuentra una muchacha que congela la escena cada vez que quiere hacer un comentario a lo que está sucediendo.

Mujer: elemento de utilería

Que así fuera en la vida real….Que las mujeres pudieran congelar las situaciones violencia de género y poder escapar de esa realidad. Y esa es la tónica de toda la obra: abordar de manera simplificada diversos temas demasiado complejos. Y en ese error, a mi parecer la obra ayuda a perpetuar muchas actitudes machistas peligrosas para la sociedad.

Por ejemplo, la muchacha se convierte casi en un elemento de utilería, donde sólo interactúa con los machos para que la acosen o para que la “enamoren con canciones soeces”. Se limitaron a asignarle parlamentos para “aleccionar” a los machos sobre la ley 779 y otros temas, que no permiten crear una conexión o empatía con el personaje. Simplemente ella queda como la necia que se cree superior al mundo entero. La Bitch. La que los deja en la Friendzone y se hace la de rogar.

Y en un momento de incongruencia, ella dice: “Menos mal que el mesero es tranquilo y puede defenderme de estos”, lo que pone en evidencia que existe un peligro real hacia ella, que no hay 779 que valga y que la única manera de salir ilesa es depender de otro macho para conservar la integridad.

Pareciera que en un intento de querer “elevarla” al nivel de ellos, la ponen a decir sobrenombres y pseudo-psicoanalizar a los “machos”; para dejar claro que ella también sabe manejar el trato jayán, y que domina el lenguaje chabacano. También muy difícil identificarse con este otro extremo de mujer.

Sin embargo, al igual que les pasa a las mujeres en la vida real, sí se le delega a ella la parte más importante de la obra: el peso de recitar las supuestas conclusiones de las relaciones entre hombres y mujeres en general, después de que los otros ya despotricaron como quisieron; como si la historia de la humanidad se pudiera reducir llanamente en unas cuantas líneas.

Y qué decir de los eruditos representados en esa mesa de tragos… No sólo que nunca bajan la pesada máscara de tener que competir entre ellos, de tener que presentarse como el más fuerte, el que conquista más, el más agresivo; sino que también ridiculizan cualquier tendencia hacia la diversidad sexual. Grave, porque hay personas que sufren discriminación real por su preferencia sexual.

El papel de hijos, hijas y la madre

Triste también ver como se refuerza un enfoque de la crianza de los hijos, en el que a los varones se les dice que si regresan golpeados del colegio, el padre los termina de malmatar si no se supieron defender; pero a las niñas celándolas y cuidándolas de otros hombres como ellos mismos. La obra termina y no se asoma ni una pizca de lo que significan las masculinidades sanas, no se les muestra lo que significa vivir como hombre libre sin cargar con las expectativas de toda una sociedad.

En la obra retratan a las esposas como personas NO atractivas y dominantes, que merecen la infidelidad y burla de los amigos. Y consecuentemente ridiculizan al hombre “domado”. Lo que me dejó fría es cuando uno de ellos le enseña al otro sobre: “cómo se le habla a la esposa, con firmeza y autoridad”. ¡Impresionante!

Puede que en esa misma sala hubiesen mujeres que posiblemente fueran a escuchar esas palabras de parte de su esposo esa misma noche. ¿En qué mundo viven? Sólo en este año, 127 hombres intentaron asesinar a sus compañeras y 56 lo lograron. A partir de este año hay 84 niños huérfanos adicionales, que si pudieran, les dirían que hay límites en los temas sobre los cuales reírse.

Estoy de acuerdo con utilizar la comedia para visibilizar un problema, con usar el teatro para invitar a la reflexión y con explotar estos espacios para denunciar el machismo que nos ahoga a todos, pero creo que fueron demasiado ambiciosos en abordar un tema tan serio, evidenciando poca experiencia en el mismo. No sé si se debe a que la obra nació únicamente para satisfacer el requerimiento de una empresa que quería promocionar una cerveza y les proporcionaron incluso el nombre de la misma de antemano.

Yo asistí a la obra junto con una amiga y conocidos, cuyas expresiones fueron: desafortunadamente eso es lo común de escuchar en una mesa de tragos y es normal encontrar personas de ese tipo en los bares. Una actitud simple de resignación y afirmación de la “realidad”, que no permitía ahondar más. Fue en ese momento, cuando me di cuenta que el propósito de educar, desafortunadamente no se había logrado; aun cuando en las entrevistas ellos dijeron que usaban el teatro como motor de cambio de una sociedad.

También me acompañaba mi hijo de casi 17 años y lo que me supo decir también fue que tristemente ese comportamiento de los hombres es bastante acertado a la realidad. Como madre invitada de este blog, quisiera comentar que me gusta creer que he criado un hijo sensible a la perspectiva de género y la verdad sólo su futura pareja podrá decirme si lo logré. Pero este tipo de iniciativas, siento que no ayudan a formar en una masculinidad diferente.

Al final de la obra, los actores invitaban a los asistentes a una after-party en un bar y ellos como hombres empoderados se dieron la oportunidad de comentar algo, excepto una: la actriz. Me quedó el sabor de que la parte II de la obra seguiría en otro lugar, sólo que esta vez, nadie podría decir: Corte!

Texto de Mayela Hurtado, #MadreInvitada